La Daga

Fui invitada a una noche de poesía. La concurrencia era mayormente de femmes. Nos juntó el deseo de declamar, escuchar, leer e identificarnos tal vez en un verso que nos diera respuestas. Un verso que tocara justo ahí donde necesitamos para rompernos, para liberarnos; para conectar. 

Comenzaron leyendo poesía rebelde, política e histórica. El grito de Lares era el pie forza'o. Yo fui a escuchar, era mi primera vez y me pongo pendeja. Sin embargo me deje envolver. Las letras de lucha y orgullo iban saliendo de los labios de las asistentes. Escuché a Julia de Burgos en la boca sin rostro de una de las presentes que no prendió la cámara. Yo la prendía y apagaba por momentos animándome a participar. 

!Que rica es la poesía en comunidad!

Faltando casi veinte minutos para las nueve y luego de escuchar un poema sobre la añoranza de la patria a través del café gringo que siempre es aguado decidí lanzarme. Escribí en el chat que estaba lista. Dos de las organizadoras del evento sonrieron celebrando mi atrevimiento. Temblorosa prendí el micrófono y hable o baboseé un poco para calmar los nervios. Esos nervios de quien se sabe vulnerable ante la expectativa.

Quise leer un poema mío mas no encontré el que buscaba en mi desorden, así que le pedí ayuda a Julio César Pol y su poemario Mardigras. Acariciaba la cubierta buscando calma, también manteniendo la página que necesitaba abierta. Porque como monstrua al fin mis marcadores de libros son las mismas páginas dobladas en la esquina. Tenia muchos para escoger pero me decidí por uno provocador. Obesas es el título. Sonreí al repetirlo mentalmente; Obesas.

Creo que al reírme estaba reafirmando mi deseo de leerlo y el titulo en si mismo  me incitaba . Un picor recorría mi cuerpo tal vez así se sienten en mi las ganas mezcladas con un pelín de miedo. Pero tocaba, ya estaba ahí, así que comencé.

Obesas

Las flacas temen

Las gordas no


Las flacas le temen al objeto

de la bola

a la mesa

y a la nevera


Le temen al animal

A la vaca

al elefante 

y a la ballena


Le temen a no caber

a la ropa

a la silla

y a la puerta


Le temen a de forma súbita morir

al derrame

al arresto

 y a la hervedera


Le temen a la ausencia

A que la membrecía se le niegue

a que las abandonen

a que el sexo se pierda

y no aparezca


Pero las gordas no 

Las gordas hacen que al masticar

todas las penurias

valgan la pena

Al terminar la respuesta no se hizo esperar y quedó claramente para mi una vez más que a las mujeres nos atraviesa una misma daga. Daga que nos desgarra, nos hace pequeñas y nos aleja de quienes somos. Llevándonos a crear una imagen que mientras más se acerca a lo esperado más se aleja de nosotras. Es la daga de los estándares de belleza. Esa que dice qué cuerpo es válido y cual no. Esa que se instala en nosotras y que a su vez la enterramos en otras. 

Una vez leí que cuando se apuñala a alguien siempre te llenas de sangre y recibes cortaduras al infligir una estocada. No hubo mujer alguna esa noche allí que no pudiera verbalizar cómo se había sentido fuera de ese estándar. Yo escuché. Quise hablar más ante la confusión que supone tener un cuerpo gordo y sus opresiones versus lo que representa y supone igualmente la violencia estética con sus cánones de belleza. Pero guardé silencio y decidí escuchar. Siempre hay aprendizaje para quien escucha. 

El corazón se me apretó varias veces al escuchar sus distintas experiencias relacionadas con su cuerpo y las lágrimas amenazaron con salir. Vi el brillo en mis ojos queriendo rodar por mis cachetes mas aguanté.  La noche se nos hizo corta y una de las organizadoras de manera hábil nos devolvió a la poesía. Cerrando con un poema lleno de esperanza y rebeldía como los del principio. El poema era para las nuevas generaciones a esas que nos sucederán pero de las que también podemos ser parte. Eso es lo bonito de la vida y la poesía, nos entrelaza. 

Terminada la noche me quedé pensando en lo que provoca ser escuchada. En lo que provoca hablar desde la vulnerabilidad. Haciendo referencia a como palabras mías dichas en un podcast también  habían retumbado en algunas de ellas. Yo hablo de anti gordura. Hablo y reconozco que estándares de belleza y gordofobia no son lo mismo pero se cruzan más de una vez. Esa noche de poesía confirmé una vez mas que todas no somos iguales  pero nos parecemos tanto. Y que "el sistema" se encarga como siempre de hacernos sus cómplices; y que sacarnos la daga que nos clavan desde que nacemos es solo el principio... Y hacerlo nunca significa lo mismo ni se ve igual en todas. 

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